Un modelo simplista de la ideologia en dos ejes
Existen multitud de explicaciones sobre cuáles son las diferencias entre una ideología de izquierdas, o progresista, y una de derechas, o conservadora. Este post ofrece una más, excesivamente simplista. Y sesgada también, pues nace de un contexto social y político muy concreto. Una realidad donde las diferentes maneras de ver y tratar a los demás colisionan de manera pública y sin tapujos.
Vamos a ello.
Un modelo en dos ejes
Empecemos categorizando a toda la población mundial según su ideología: izquierda o derecha. Qué significa exactamente esta distinción no es realmente relevante, más allá de definir los nuestros (sea esto izquierda o derecha) de los otros (el resto).
Sobre este eje horizontal, añadamos un segundo eje vertical: estatus social o poder adquisitivo. De nuevo, cualquier definición de este estatus (riqueza material, reconocimiento público, etc.) nos sirve.
Con estos dos ejes colocados, obtenemos un diagrama de cuatro cuadrantes.

Un punto de vista subjetivo
Ahora fijemos un punto de vista subjetivo que permita ubicar al resto de la población. Este punto de vista es un individuo concreto, situado en el centro del eje vertical (definiendo su propio estatus como referencia), y con una ideología definida.
Perspectiva desde la derecha
Si consideramos que nuestro sujeto es una persona de ideología de derechas, que cree que el estatus social es el justo resultado de la meritocracia capitalista, entnces su respeto tiende a concentrarse en la mitad superior del diagrama, aquellos aquellos que se lo han ganado con su esfuerzo y éxito.
En la actualidad, desde la derecha suele verse la mitad izquierda del diagrama como enemigo de lo eficiente, centrandose en lo politicamente correcto aun cuando improductivo (lo woke). La intersección de estas dos opiniones criticas deja solo un cuadrante como digno de completo respeto. Los demás (el 75% del espectro poblacional) pueden llegar a ser vistos, como mínimo parcialente, de forma desfavorable.

Perspectiva desde la izquierda
Consideremos ahora el caso que nuestro sujeto sea una persona de ideologia de izquierdas. En este caso el alcance del respeto a los demás dependerá del balance entre empatía y superioridad moral que profese. Mientras la empatía amplía el respeto hacia los demas, la superioridad moral lo reduce. La gente progresista sin empatia puede limitar el respeto que siente hacia los demás a solo el 50% del espectro poblacional, despreciando el punto de vista de todos aquellos que se consideran de derechas por el simple hecho de serlo. En cambio, alguien progresista y con un máximo grado de empatía puede llegar a respetar al 100% de la población.


Conclusión
Este ejercicio (simplista y sesgado) muestra distintas formas de ver el mundo. Mismas personas, diferente percepción de su realidad. En la discusión actual sobre el valor de las opiniones del otro, es importante ser consciente no solo de dónde nos encontramos, sino de qué filtros estamos aplicando al mirar a los demás.